Una startup quiere sustituir los cables submarinos de internet por láseres espaciales
Endeavour Optical Networks planea lanzar la red de comunicaciones láser más rápida jamás construida en órbita, compitiendo directamente con la infraestructura de fibra óptica que hoy conecta los continentes.

La mayor parte del tráfico de internet entre continentes viaja hoy por cables de fibra óptica tendidos en el fondo del océano, una infraestructura física vulnerable a cortes accidentales, sabotajes y desastres naturales. Endeavour Optical Networks (EON), una startup estadounidense, quiere cambiar esa ecuación: según informó TechCrunch, la compañía planea lanzar la red de comunicaciones láser en el espacio más rápida jamás construida, moviendo el tráfico de datos desde el océano a la órbita terrestre.
El plan de EON consiste en desplegar una constelación de satélites equipados con sistemas láser capaces de transmitir información a velocidades sin precedentes entre puntos distantes del planeta. A diferencia de los satélites de comunicaciones tradicionales, que usan radiofrecuencia (ondas electromagnéticas similares a las de la radio o el wifi, pero más lentas y con menos capacidad), los láseres espaciales pueden transportar muchísimos más datos al mismo tiempo y con menor latencia (el tiempo que tarda la señal en ir de un punto a otro).
La tecnología no es completamente nueva: empresas como SpaceX ya han probado enlaces láser entre satélites Starlink para evitar que la señal tenga que bajar a tierra y subir de nuevo, reduciendo así los retrasos. Pero EON apuesta por convertir esos enlaces en la autopista principal de datos globales, no solo un complemento de la fibra terrestre. La compañía sostiene que su sistema será más rápido, más flexible para reconfigurar rutas en tiempo real y menos vulnerable a interrupciones físicas que los cables submarinos actuales.
El proyecto enfrenta desafíos importantes: los láseres espaciales necesitan línea de visión directa entre satélites, lo que exige constelaciones grandes y bien coordinadas, y las condiciones atmosféricas pueden afectar la conexión cuando la señal baja a estaciones terrestres. Además, competir con décadas de inversión en infraestructura submarina —que ya mueve el 99% del tráfico intercontinental— no será barato ni rápido. EON no ha revelado cuándo espera tener su red operativa ni cuánto capital ha levantado hasta ahora.
Si el plan funciona, podría cambiar el mapa geopolítico de internet: países sin acceso directo a grandes cables submarinos ganarían autonomía, y regiones remotas podrían conectarse a la red global sin necesidad de tender fibra por miles de kilómetros. Pero también abre preguntas sobre quién controla esa infraestructura crítica cuando orbita fuera de fronteras nacionales, un debate que ya rodea a constelaciones como Starlink y que solo se intensificará si los láseres espaciales empiezan a mover el grueso del tráfico mundial.


