La empresa de cámaras de vigilancia Flock pide un 'acuerdo' con sus críticos tras la ola de rechazo
El CEO de Flock Safety intenta calmar las protestas ciudadanas que temen que su red de cámaras lectoras de matrículas acabe siendo una herramienta de vigilancia masiva.
Flock Safety, una empresa que vende cámaras automáticas de lectura de matrículas (dispositivos que identifican vehículos en la calle), enfrenta protestas ciudadanas en Estados Unidos. Su CEO pide un 'compromiso' con sus críticos, que temen que la red de más de 4.000 ciudades se convierta en vigilancia masiva sin control legal.

Flock Safety, una empresa estadounidense que vende cámaras automáticas de lectura de matrículas (dispositivos que identifican y registran los vehículos que pasan por una calle), enfrenta una creciente oleada de críticas ciudadanas. La preocupación principal: que su tecnología, pensada inicialmente para ayudar a resolver robos o buscar coches relacionados con delitos, se convierta en una red de vigilancia masiva sin control democrático.
Según informó TechCrunch, el CEO de Flock ha pedido públicamente un 'compromiso' entre su empresa y las comunidades que rechazan sus cámaras. La compañía argumenta que su tecnología solo almacena datos durante 30 días y que las fuerzas policiales deben justificar cada búsqueda en su base de datos. Sin embargo, organizaciones de derechos civiles advierten que esa promesa depende enteramente de políticas internas de la empresa, no de regulación legal vinculante.
Flock Safety opera actualmente en más de 4.000 ciudades de Estados Unidos. Sus cámaras no solo registran matrículas: también captan características del vehículo (color, marca, modelo) y generan alertas automáticas cuando un coche coincide con una lista de 'vehículos buscados'. El problema, según sus detractores, es que esas listas las construyen tanto la policía como algoritmos de la propia empresa, sin transparencia pública sobre los criterios utilizados.
En varios municipios, vecinos organizados han logrado que sus ayuntamientos rechacen contratos con Flock o impongan restricciones más estrictas sobre cómo se pueden usar los datos. La empresa, valorada en más de 3.500 millones de dólares según su última ronda de financiación, insiste en que su objetivo es reducir la criminalidad, no espiar a la población. Pero la tensión entre seguridad pública y privacidad digital sigue creciendo, y cada vez más ciudades exigen que la tecnología de vigilancia, incluso la privada, rinda cuentas ante mecanismos democráticos.


