Cómo una comunidad mexicana volvió al adobe para reconstruir sus casas tras el huracán Otis
En Guerrero, familias afectadas por desastres naturales eligen técnicas ancestrales de construcción frente al cemento industrial, con ayuda de una organización que lleva más de una década aplicando este modelo.
Cooperación Comunitaria ayuda a comunidades de Guerrero a reconstruir con adobe (bloques de tierra, agua y fibras naturales) en lugar de cemento, porque es más barato, fresco, accesible localmente y permite a las familias participar directamente en la construcción, reduciendo su vulnerabilidad futura ante desastres.

Cuando el huracán Otis arrasó la costa de Guerrero en octubre de 2023, dejó miles de viviendas destruidas. Pero en lugar de reconstruir con ladrillo y cemento —los materiales más comunes en México—, varias comunidades rurales optaron por volver al adobe, un material tradicional hecho con tierra, agua y fibras naturales que lleva siglos usándose en la región.
Detrás de esta decisión está Cooperación Comunitaria, una organización que desde 2012 trabaja con familias afectadas por desastres para reconstruir sus hogares usando materiales locales y el llamado "tequio" (trabajo comunitario no remunerado). Según informó Wired en Español, el modelo busca reducir la dependencia de materiales industriales caros y difíciles de conseguir en zonas remotas, al tiempo que fortalece los lazos entre vecinos.
El adobe tiene ventajas prácticas: es más fresco en climas cálidos, más barato que el concreto (la mezcla de cemento, grava y arena que se usa en la construcción convencional) y se produce con tierra del mismo terreno donde se construye. Además, las técnicas necesarias para trabajarlo ya forman parte del conocimiento local, lo que permite a las familias participar directamente en la obra y aprender a hacer reparaciones futuras sin depender de contratistas externos.
Cooperación Comunitaria no solo provee materiales: organiza talleres donde enseña técnicas antisísmicas adaptadas al adobe y coordina brigadas de vecinos para acelerar la construcción. El resultado es un modelo de reconstrucción que no solo repone lo perdido, sino que reduce la vulnerabilidad de las viviendas frente a futuros fenómenos naturales y refuerza la autonomía de las comunidades.
Aunque el adobe no es la solución universal —requiere mantenimiento regular y no funciona bien en zonas muy húmedas—, su resurgimiento en Guerrero muestra cómo técnicas tradicionales pueden ser tan o más resilientes que las industriales cuando se adaptan correctamente al contexto local.


