Una empresa pagó miles de dólares a diez personas por usar chatbots eróticos durante un mes
Joi AI contrató participantes para interactuar con compañeros virtuales de IA como parte de un estudio que, según la compañía, busca combatir la soledad masculina.
Joi AI (una empresa de chatbots eróticos con IA) pagó a diez participantes para que usaran sus productos durante un mes, en un estudio que afirma investigar si estas herramientas ayudan contra la soledad masculina. El proyecto ha generado críticas por conflicto de intereses y dudas éticas sobre vincular bienestar emocional con contenido sexual comercial.

Joi AI, una empresa que desarrolla chatbots con contenido sexual (programas que simulan conversaciones y compañía romántica mediante inteligencia artificial), contrató a diez personas para que usaran sus productos durante un mes completo. El objetivo declarado: investigar si estas herramientas pueden contribuir al «bienestar emocional» y ayudar a «solucionar la soledad masculina», según informó Wired en Español. A cambio, los participantes recibieron miles de dólares por su tiempo.
El estudio, que ha generado polémica en redes sociales y entre expertos en ética tecnológica, consistía en que los voluntarios interactuaran regularmente con acompañantes virtuales generados por IA, incluyendo actividades de contenido sexual. La empresa sostiene que este tipo de herramientas puede ofrecer compañía emocional a personas que experimentan aislamiento, aunque no ha publicado todavía resultados científicos que respalden esa afirmación.
Críticos del proyecto señalan que vincular el bienestar emocional con productos de contenido sexual comercial plantea serias dudas éticas. Además, cuestionan si un estudio financiado y diseñado por la misma empresa que vende el producto puede considerarse investigación independiente, dado el evidente conflicto de intereses. Hasta ahora, Joi AI no ha compartido detalles sobre la metodología utilizada ni si el estudio fue revisado por expertos externos.
El debate sobre chatbots de compañía sexual no es nuevo. Aplicaciones similares, como Replika (una app de IA que permite crear compañeros virtuales personalizados), han enfrentado controversias por la dependencia emocional que generan en algunos usuarios y por cómo manejan datos sensibles. La creciente popularidad de estas herramientas pone sobre la mesa preguntas difíciles: ¿pueden las relaciones con IA sustituir conexiones humanas reales? ¿Y quién se beneficia realmente de normalizar esa idea?


