Un directivo de Nvidia dirigía una red de contrabando de chips a China desde dentro de la empresa
Las autoridades taiwanesas han imputado a nueve personas, incluido un alto cargo de Nvidia, por desviar servidores con chips prohibidos hacia China valorados en más de un millón de dólares en el mercado negro.
Las autoridades taiwanesas imputaron a un directivo de Nvidia apellidado Zhang y otras ocho personas por dirigir una red que desviaba servidores B300 con chips Blackwell Ultra (procesadores avanzados para entrenar modelos de inteligencia artificial) a China, falsificando documentos sobre su destino final. Lograron enviar 74 servidores antes de ser descubiertos.

Estados Unidos lleva más de dos años intentando que sus chips más avanzados no lleguen a China, pero el contrabando sigue siendo un problema sin resolver. Ahora, según informó Financial Times, la Fiscalía del Distrito de Keelung en Taiwán ha destapado una red que desviaba servidores Nvidia a territorio chino, y por primera vez la figura central es un alto cargo de la propia Nvidia. El directivo, apellidado Zhang, ha sido imputado junto a ocho personas más, incluidos dos ejecutivos de ventas de Super Micro (un fabricante de servidores informáticos) y varios intermediarios.
La trama consistía en hacer llegar a China servidores B300 de Nvidia, unas plataformas diseñadas para entrenar modelos de inteligencia artificial que llevan chips Blackwell Ultra, incluidos en la lista de restricciones de exportación estadounidenses. Los acusados falsificaron documentos indicando que los equipos iban a un centro de datos taiwanés, pero ese centro no tenía ni el ancho de banda de red ni la electricidad necesaria para hacerlos funcionar. En total intentaron mover 130 servidores: 74 llegaron a clientes chinos a través de rutas indirectas por Indonesia y Japón, y los otros 56 fueron interceptados en la aduana taiwanesa.
Según la acusación, Zhang realizó una inspección en el supuesto centro de datos de destino y ocultó de forma deliberada que el comprador no tenía dinero y que los fondos provenían en realidad de una empresa china. Es la primera vez que se acusa formalmente a un empleado de Nvidia en un caso de contrabando. Zhang y otros tres imputados se enfrentan a penas de hasta cinco años de prisión. Nvidia respondió diciendo que sus empleados tienen todos los incentivos para cumplir la ley y que colaborarán con las autoridades, mientras que Super Micro aseguró que fue su propia cooperación la que condujo a las detenciones.
El endurecimiento de los controles de exportación por parte de Estados Unidos ha tenido un efecto inesperado: los precios en el mercado negro se han disparado. Un servidor DGX B300 con ocho GPU (procesadores gráficos diseñados para cálculo intensivo) Blackwell cuesta oficialmente unos 400.000 dólares, pero en el mercado negro llegó a venderse por casi 600.000. Ahora su precio se ha duplicado hasta 1,2 millones de dólares. Nvidia ha intentado restar importancia al problema asegurando que montar un centro de datos basado en chips de contrabando es un callejón sin salida, pero mientras exista semejante margen de beneficio, seguirá habiendo personas dispuestas a intentarlo, incluso desde dentro de la propia empresa.


