Por qué los líderes de Silicon Valley malinterpretan la ciencia ficción que dicen leer
La historiadora Jill Lepore analiza en su nuevo libro cómo las grandes tecnológicas usan un lenguaje grandilocuente —casi político— para describir sus productos, y por qué eso revela una lectura superficial de las distopías que citan como inspiración.

Jill Lepore, historiadora de Harvard y ganadora del premio Pulitzer, tiene una teoría sobre por qué las empresas tecnológicas hablan de sus productos como si estuvieran fundando un nuevo gobierno. Desde el antiguo eslogan de Twitter como «un ayuntamiento en tu bolsillo» hasta la «Constitución» que Anthropic (la startup detrás del chatbot Claude) diseñó para guiar el comportamiento de su inteligencia artificial, el lenguaje del sector tech está cargado de retórica política y utópica. En su próximo libro, The Rise and Fall of the Artificial State (algo así como «Auge y caída del Estado artificial»), Lepore sostiene que esta tendencia no es casual: Silicon Valley lleva décadas construyendo una narrativa de poder que va mucho más allá de vender software.
Según declaró Lepore en el podcast TechCrunch AI (un programa semanal sobre inteligencia artificial y tecnología), los ejecutivos del sector citan constantemente obras de ciencia ficción distópica —como 1984 de George Orwell o Neuromante de William Gibson— pero parecen haberlas leído de forma selectiva. «No es que no lean ciencia ficción, es que la leen mal», explica la historiadora. En lugar de interpretar esas novelas como advertencias sobre sistemas de control y vigilancia, muchos fundadores extraen de ellas una fascinación por la tecnología en sí, ignorando las consecuencias sociales que los autores querían denunciar.
Esta lectura defectuosa tiene consecuencias reales. Lepore señala que cuando una empresa describe su producto con un lenguaje típicamente reservado para instituciones públicas —constituciones, plazas, comunidades—, está reclamando implícitamente un tipo de autoridad que antes correspondía a los gobiernos democráticos. El problema es que estas plataformas no rinden cuentas del mismo modo: no hay elecciones, ni mecanismos de participación ciudadana, ni separación de poderes. «Es una forma de autoridad sin responsabilidad», resume.
El libro de Lepore aún no tiene fecha de publicación confirmada, pero su argumento llega en un momento especialmente relevante. Mientras empresas como OpenAI (creadora de ChatGPT, un chatbot que genera texto de forma automática) y Anthropic compiten por definir las «reglas» que deben seguir sus modelos de IA, y redes sociales como X (antes Twitter) debaten quién debe moderar el discurso público, la pregunta de fondo es quién tiene legitimidad para escribir esas normas. Lepore sugiere que Silicon Valley ha ocupado ese espacio sin pedir permiso —y que quizá ha llegado el momento de discutir si debemos seguir dejándoselo.


