Por qué cada vez más gente hace entrevistas de trabajo a las tres de la madrugada
Las empresas usan cada vez más sistemas de IA para filtrar candidatos, y como no hay humanos al otro lado, muchos acaban respondiendo preguntas frente a la pantalla en horarios imposibles.
Cada vez más empresas utilizan sistemas de IA (software que hace preguntas automáticas y evalúa respuestas sin intervención humana) como primer filtro en sus procesos de selección. Como no hay horarios establecidos, muchos candidatos programan estas entrevistas en madrugadas o fines de semana, difuminando los límites entre vida laboral y personal.

Imagina que son las tres de la madrugada, acabas de llegar de trabajar en un turno nocturno y decides aprovechar para hacer esa entrevista de trabajo que llevas días posponiendo. Enciendes el ordenador, te conectas a una plataforma y una voz generada por ordenador empieza a hacerte preguntas estándar sobre tu experiencia laboral. No hay nadie al otro lado esperándote, así que da igual la hora. Según informó Wired en Español, este escenario es cada vez más común en el primer filtro de los procesos de selección.
Las empresas están adoptando sistemas de entrevistas automatizadas basados en IA (software que utiliza inteligencia artificial para hacer preguntas predefinidas, grabar las respuestas en vídeo o texto, y valorarlas según ciertos criterios) como primera criba antes de que un reclutador humano entre en escena. La ventaja para las compañías es obvia: pueden procesar cientos de candidatos sin dedicar horas de personal. Para quienes buscan empleo, la flexibilidad horaria es el principal atractivo.
El problema es que esa flexibilidad está llevando a situaciones absurdas. Como no hay restricciones de agenda —el sistema está disponible las 24 horas—, muchos candidatos acaban programando sus entrevistas en momentos poco habituales: madrugadas, fines de semana, o justo después de jornadas laborales agotadoras. La presión por no perder una oportunidad y la falta de límites claros convierten lo que debería ser una comodidad en una extensión del horario laboral hacia la vida personal.
Además, estas entrevistas automatizadas plantean otras cuestiones. Los algoritmos que evalúan las respuestas —a menudo analizando no solo qué dices, sino cómo lo dices, tu tono de voz o incluso tus expresiones faciales— pueden reproducir sesgos si no están bien diseñados. Y para muchos candidatos, hablarle a una pantalla en lugar de a una persona resulta deshumanizante, especialmente cuando el resultado puede ser un rechazo automático sin explicación clara.
La normalización de estas herramientas marca un cambio profundo en cómo funcionan los procesos de selección. La tecnología promete eficiencia, pero también difumina aún más los límites entre tiempo de trabajo y tiempo personal, y traslada a los candidatos la responsabilidad de adaptarse a sistemas que priorizan la escala sobre la experiencia humana.


