No, no está temblando más: la ciencia explica por qué lo parece
Sismos recientes en Venezuela, Japón y Colombia han creado la sensación de que la Tierra tiembla más que antes, pero los datos científicos cuentan otra historia.
No, la actividad sísmica global se mantiene estable según los registros geofísicos (mediciones científicas del movimiento de la Tierra). Lo que cambió es nuestra capacidad de detectar y comunicar terremotos gracias a mejores sismógrafos y redes sociales, generando una percepción de aumento que no reflejan los datos.

En las últimas semanas, sismos en Venezuela, Japón y Colombia han disparado una pregunta en redes sociales y conversaciones cotidianas: ¿está temblando más que antes? La sensación es comprensible cuando varias noticias de terremotos coinciden en el tiempo, pero según explica el sismólogo Iván Granados, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), se trata de una percepción que no se sostiene con los datos geofísicos. La actividad sísmica del planeta se mantiene, en promedio, bastante estable a lo largo de las décadas.
Granados señala que la Tierra experimenta miles de sismos cada año, la mayoría imperceptibles para los humanos porque ocurren en zonas remotas, bajo el océano o con magnitudes demasiado bajas. Lo que ha cambiado no es la frecuencia de los terremotos, sino nuestra capacidad para detectarlos y comunicarlos. Gracias a redes de sismógrafos (instrumentos que miden las vibraciones del suelo) más densas y a las redes sociales, nos enteramos de eventos que hace décadas hubieran pasado desapercibidos fuera de círculos científicos.
Otro factor clave es el sesgo de disponibilidad, un fenómeno psicológico por el cual recordamos mejor los eventos recientes y llamativos. Cuando un sismo sacude una ciudad importante o causa daños visibles, queda en la memoria colectiva. Si luego ocurre otro en otra región del mundo, tendemos a conectar ambos eventos como parte de un patrón, aunque estadísticamente sean independientes. Los terremotos, sin embargo, no funcionan como las epidemias: no se contagian ni siguen tendencias globales predecibles a corto plazo.
La ciencia sismológica actual puede medir con precisión la energía liberada por un terremoto mediante la escala de magnitud de momento (una escala logarítmica que reemplazó a la clásica escala de Richter), pero aún no puede predecir cuándo ni dónde ocurrirá el próximo gran evento. Las placas tectónicas (fragmentos rígidos de la corteza terrestre que flotan sobre el manto y se mueven lentamente) acumulan tensión durante décadas o siglos, y esa energía se libera de forma súbita e impredecible. Por eso, explica Granados, la mejor herramienta sigue siendo la preparación: construcciones resilientes, protocolos de emergencia y cultura de prevención.
Según informó Wired en Español, la conversación sobre sismos recientes sirve para recordar que vivimos en un planeta dinámico, donde el movimiento de las placas es constante. La sensación de que tiembla más es humana y comprensible, pero la ciencia muestra que la actividad sísmica global no ha aumentado. Lo que sí ha crecido es nuestra conciencia sobre ella.


