Latinoamérica llega a la cumbre del clima con sus suelos al límite
La región es protagonista en la COP17 por la sequía, la degradación de tierras y su papel clave en la seguridad alimentaria mundial.
América Latina participa en la COP17 (la cumbre de la ONU sobre desertificación y sequía) como protagonista por partida doble: sufre sequías severas, el impacto de El Niño (un patrón climático que altera temperaturas y lluvias) y suelos degradados, pero también aporta soluciones en agricultura regenerativa y recuperación de tierras.

América Latina tiene un doble papel en la COP17 (la Conferencia de las Partes de la Convención de la ONU para Combatir la Desertificación, una cumbre internacional sobre sequía y degradación de suelos), que se celebra estos días: es tanto víctima como posible solución. Según informó Wired en Español, la región llega a la cita con un escenario complejo marcado por sequías prolongadas, el impacto del fenómeno de El Niño (un patrón climático recurrente que calienta las aguas del Pacífico y altera lluvias y temperaturas en toda la región) y una creciente presión para producir alimentos en tierras cada vez más degradadas.
El problema no es abstracto: millones de personas en países como Argentina, Brasil, Colombia y México ya conviven con cosechas arruinadas, ríos secos y suelos empobrecidos que pierden su capacidad de retener agua y nutrientes. La desertificación (el proceso por el cual tierras fértiles se vuelven áridas e improductivas, generalmente por sequía, deforestación o prácticas agrícolas inadecuadas) avanza en zonas que hasta hace poco eran productivas, y el cambio climático acelera el ciclo.
Pero América Latina también es una potencia agrícola global y fuente de innovación en técnicas de recuperación de suelos. Proyectos de agricultura regenerativa (un enfoque que busca mejorar la salud del suelo mediante prácticas como la rotación de cultivos, el uso mínimo de químicos y la reforestación) y sistemas agroforestales (combinaciones de árboles, cultivos y ganado en un mismo terreno para aumentar la productividad y la resiliencia) se han multiplicado en la región en los últimos años, ofreciendo modelos replicables a escala global.
En la COP17, los países latinoamericanos presionan para que se reconozca la urgencia de financiar la adaptación climática en zonas rurales y para que los compromisos de restauración de tierras no queden en papel. La región produce alimentos para el mundo, pero necesita apoyo técnico y económico para hacerlo de forma sostenible en un clima cada vez más hostil.


