El youtuber Hank Green reconoce que su uso de la IA «no es saludable»
El divulgador científico con 3,4 millones de suscriptores admite públicamente que el nivel de dopamina que obtiene al interactuar con modelos de lenguaje le está afectando negativamente.

Hank Green, uno de los divulgadores científicos más populares de YouTube, ha hecho una confesión inesperada: su uso de inteligencia artificial se le ha ido de las manos. En un mensaje que ha sorprendido a su audiencia de más de 3 millones de seguidores, Green admitió que «el nivel de dopamina que he estado obteniendo al interactuar con LLMs (modelos de lenguaje de gran tamaño, como ChatGPT o Claude, entrenados para mantener conversaciones y generar texto) no es saludable para mí ni bueno para el mundo», según informó TechCrunch.
La declaración de Green es inusual en el mundo de los creadores de contenido, donde la mayoría celebra abiertamente el uso de herramientas de IA para agilizar su trabajo. Green, conocido por sus vídeos educativos sobre ciencia y cultura en el canal Vlogbrothers, no detalló exactamente cómo utiliza estos modelos, pero su apología pública sugiere que la facilidad y el estímulo constante de estas herramientas pueden convertirse en un problema cuando se usan de forma compulsiva.
El término «dopamina» hace referencia al neurotransmisor (una sustancia química del cerebro) asociado con la recompensa y el placer, y que también está detrás de comportamientos adictivos. Green parece estar reconociendo que la gratificación inmediata de obtener respuestas, ideas o texto generado por IA le ha enganchado de una forma poco sana, similar a lo que ocurre con las redes sociales o los videojuegos.
Aunque Green no ha especificado si dejará de usar estos modelos por completo o simplemente reducirá su frecuencia de uso, su mensaje pone sobre la mesa un debate poco común en la industria tecnológica: ¿pueden las herramientas de IA, diseñadas para ser útiles y eficientes, volverse adictivas? La reflexión del youtuber llega en un momento en que millones de personas recurren diariamente a estos asistentes virtuales para escribir correos, generar ideas o simplemente charlar, sin cuestionar el impacto que ese uso constante puede tener en su bienestar.
La honestidad de Green contrasta con el discurso habitual en Silicon Valley, donde se promociona el uso intensivo de IA como una ventaja competitiva. Su apología abre la puerta a una conversación necesaria sobre los límites del uso de estas tecnologías, especialmente cuando están diseñadas para ser tan atractivas y útiles que resulta difícil dejar de usarlas.


