Astrónomos descubren la colisión galáctica más antigua que formó la Vía Láctea
Los restos de una galaxia extinta revelan una fusión titánica ocurrida hace 12.000 millones de años, cuando nuestra galaxia aún estaba en formación.
Un equipo de astrónomos identificó los restos de una galaxia extinta que colisionó con la Vía Láctea hace 12.000 millones de años, la fusión galáctica (cuando dos galaxias se unen por efecto de la gravedad) más antigua detectada hasta ahora en la historia de nuestra galaxia.

La Vía Láctea, la galaxia espiral (un tipo de galaxia con forma de disco plano y brazos curvos) que alberga nuestro sistema solar, no nació de golpe: es el resultado de múltiples colisiones y fusiones con otras galaxias a lo largo de miles de millones de años. Ahora, según informó Wired en Español, un equipo de astrónomos ha identificado la más antigua de estas fusiones: una colisión titánica con una galaxia desaparecida que ocurrió hace aproximadamente 12.000 millones de años, cuando el universo tenía apenas un 13% de su edad actual.
El hallazgo se basa en el análisis de poblaciones estelares (grupos de estrellas con características similares que se formaron en la misma época) dentro de la Vía Láctea. Al estudiar la composición química y las órbitas de ciertas estrellas, los investigadores pudieron identificar restos que no encajan con el patrón esperado de una galaxia formada de manera independiente. Estas estrellas son como fósiles cósmicos: guardan la huella de su galaxia de origen, ya extinta, que fue absorbida por la nuestra en sus primeras etapas de desarrollo.
Las fusiones galácticas son procesos violentos pero esenciales para el crecimiento de las galaxias. Cuando dos galaxias chocan, no es como un accidente de tráfico: las estrellas están tan separadas entre sí que rara vez colisionan directamente. En cambio, la gravedad (la fuerza de atracción entre objetos con masa) reorganiza las órbitas estelares, mezcla gas y polvo, y a menudo desencadena episodios intensos de formación de nuevas estrellas. La galaxia más grande termina «devorando» a la menor, incorporando sus estrellas y materia oscura (un tipo de materia invisible que no emite luz pero sí ejerce atracción gravitatoria).
Este descubrimiento no solo reconstruye un capítulo perdido de la historia de la Vía Láctea, sino que también ofrece pistas sobre cómo se formaron las galaxias en el universo temprano. Identificar fusiones tan antiguas es técnicamente complejo: requiere telescopios de gran precisión y modelos computacionales (simulaciones por ordenador que recrean la evolución galáctica) capaces de rastrear la dinámica de miles de millones de estrellas a lo largo del tiempo cósmico.
Los restos de esta galaxia extinta ahora forman parte integral de nuestra propia galaxia. Algunas de las estrellas que vemos en el cielo nocturno podrían haber nacido en ese sistema desaparecido, mucho antes de que el Sol existiera. Es un recordatorio de que la Vía Láctea, lejos de ser una estructura estática, es un organismo cósmico dinámico moldeado por colisiones violentas que continúan hasta hoy: dentro de unos 4.000 millones de años, nuestra galaxia colisionará con Andrómeda, la galaxia espiral más cercana.


